Porque en la vida, realmente el único sitio donde podrás apoyar la cabeza siempre será... tu almohada
Tuesday, September 6, 2011
Pasión
Sunday, August 14, 2011
Masoquismo
Yo siempre supe que dentro de todo yo era un poco masoquista; y la verdad es que es normal. Todos tenemos algo de masoquistas en nosotros. Muchas veces inventamos males o exageramos eventos que hayan pasado, simplemente por el hecho de que necesitamos deprimirnos o molestarnos para sacar y drenar cosas del organismo. Eso es masoquismo, buscamos entristecernos o hacer cosas que no nos agraden porque queremos. Pero me di cuenta que llegué a otros niveles. Mi masoquismo es mucho, pero mucho mayor al que pensé y mucho mayor a cualquier estándar “normal” de masoquismo.
Yo estoy claro en mi situación. Estoy claro en que no es la mejor. Estoy claro en que ya es hora de subir la cabeza y salir adelante; de superarte. Sin embargo, por alguna razón no quiero. No quiero porque implicaría tener que olvidarme de ti; implicaría tener que encerrar un sentimiento que se salió de control; implicaría alimentar a la tan legendaria caja de Pandora. En vez de estar haciendo eso, estoy alimentando ese sentimiento; alimentando al caos.
Ya de por sí, comparto mucho contigo, y hay un filtreo y un juego de seducción bastante marcado. Pero ha ido creciendo exponencialmente. Todos los viernes bailamos algo sumamente carnal y sexual como lo es la rumba; y por alguna razón siempre terminamos haciéndolo juntos. Ya eso es bastante masoquista; seguir con esa picardía. Pero fue ayer (sábado) que me di cuenta que soy muy masoquista.
Ayer fuimos a 57 por la despedida de Gaby, normal. Casualmente llegamos al mismo tiempo y decidimos compartir un servicio. Nada malo en eso. Llegamos algo tarde, y ya a timba estaba por terminarse; muchos buitres te asecharon y no bailamos salsa. No hay problema. Yo decidí que me iba a comportar. Estaba preocupado por ti, porque en la tarde estuviste con un dolor de cabeza bastante intenso; pero para la rumba estabas bien. Pusieron un Merenguito y los 2 estábamos bailando uno al lado del otro al ritmo; nos vimos y tus ojos GRITABAN “sácame”; y lo hice. Bailamos sabroso, como siempre. En nosotros hay mucha química para bailar, o al menos yo siempre lo he pensado. Bailamos todo el set y mientras lo hacíamos hablábamos, cantábamos y echábamos broma; totalmente normal. Pusieron un punki punki y decidimos volver a seguir bebiendo tipo tranquilo.
Estuvimos hablando con todos y todo iba bajo control; estábamos uno al lado del otro pero nada intenso. Llegó el momento que cambió el resto de la noche: Pusieron bachata. A ti te encanta la bachata y pues, a mi me gusta y estoy aprendiendo. La bachata es un baile demasiado sensual y yo sabía que ibas a querer bailar; supuse que ibas a bailar con él así que ni volteaba a verte. En eso me agarraste y me sacaste tú a bailar. No pude negarme. “Wow” es lo púnico que puedo decir de ese baile; que genial estuvo. Como sabías que mis habilidades no es que son muy buenas con la bachata, me ayudaste muchísimo y gozamos bastante.
Después de eso, no nos despegamos en toda la noche. Lo que ponían de alguna forma u otra terminábamos cantándolo o bailándolo. No importaba si yo estaba del otro lado de la olla, te encargabas de seducirme y llevarme al centro para bailar. Cómo te mueves, simplemente increíble. Eres experta en hacer que el Reggaetón no se vea vulgar pero que siga siendo algo extremadamente sexual. Así estuvimos prácticamente toda la noche. Caí rendido a tus pies.
Te dolían los pies y decidiste apartarte para sentarte y descansar; te voltee a ver y me llamaste para que te acompañara; obviamente lo hice. Estuvimos hablando y fue ahí que me di cuenta de que estas rozando la mitológica perfección. Algo increíble; esa cantidad de dulzura e inocencia, combinado con picardía y sensualidad; te preocupas por arreglarte, pero sin lucir que te esforzaste; esas curvas peligrosas que las mueves como nadie; inteligente, perspicaz, graciosa; y todas las cosas, que son banalidad, pero que para mí son TAN importantes, tu sola las trajiste a conversación, esos detalles como los tacones y las uñas que son vitales para mí y pocas personas entienden y mucho menos la comparten; tú sí. La perfección no existe; pero eres lo más cercano a ella que he conocido.
Valentina me regañó, sabe el daño que me estuve haciendo toda la noche; y sabe que así jamás te superaré. Ella y Laly me ayudaron a entender algo, subconscientemente me estás utilizando. Quisieras que él fuese como yo, pero que fuese él. Estas enamorada de él; no sé cómo lo hizo (y me llena de curiosidad, hasta el punto de ser extremadamente imprudente y preguntarte). Conmigo no vas a tener nada; pero me utilizas. Me utilizas porque soy lo que necesitas, sólo que quisiera que te lo diera él.
Hoy estoy loco por ti. No dejo de pensarte. No dejo de quererte y reventarme la cabeza buscando una manera; pero en todos los escenarios termino mal. Quiero saber qué hizo él para tenerte así; para que no te importe que te trate mal, y que le caiga a cualquier hueco con patas, porque sé que lo sabes, sé que no eres bruta como muchos piensan; necesito saber cómo conquistó tu corazón. Necesito saber cómo superarte; necesito saber cómo no dejar de verte así, porque no puedo. Soy tan masoquista que aunque me utilices y sepa que jamás podré tenerte, ese “engaño” y esa química que tenemos al vernos lo vale; vale la depresión. Me haces tanto daño, pero no quiero dejarte ir, no sé cómo hacerlo y duda que quiera averiguarlo.
Friday, August 5, 2011
Mala
Una noche tranquila de ciudad como cualquier otra, un local nocturno con nada extraordinario, todo dictaba que iba a ser una salida sin nada en especial; sólo una noche para salir entre panas y beber, quizás bailar un poco si el Dj me lo permitía. De repente, de la nada, al otro lado de la pista estaba una de las mujeres más increíbles que mis ojos han visto. De esas que no puedes quitarle los ojos de encima; una diosa de la seducción. Te veo, me ves y sonríes. Te excusas con la persona que estaba a tu lado y decides atravesar toda la pista, caminando hacia mí. ¡Qué forma de caminar! Haciendo que las miradas se enfoquen en ti; sólo se podían ver a todos los hombres soñar contigo, y a las mujeres envidiarte, y francamente, ¿quién podría dejar de hacerlo?
Mientras recorrías la pista te detallé de pies a cabeza, asombrándome cada vez más. Unos pies hermosos, tapados con unos tacones altísimos, que dominabas a la perfección, cuya función era alargar esas hermosas piernas; una vestidito pegado que resaltaba tus curvas peligrosas, uñas vino tinto, mostrando una seguridad increíbles y buscando desviar las miradas de tu cuerpo hacia tus manos al hablar, unas facciones perfectas, esculpidas por el mismo Miguel Ángel, unos ojos azules que a veces se escondían en tu cabello dorado; eras simplemente perfecta. Sin embargo, lo que hacía que no pudiese dejar de verte era ese aire de misterio que te rodeaba.
Te detuviste a mi lado, pediste un trago en la barra de los más inocente. Por alguna razón desconocida, esa noche no tenía nada que perder, supongo que fue por ti; y decidí comenzar a hablarte, esperando un rechazo absoluto. Sin saber lo equivocado que iba a estar. Comenzamos a hablar y reír; ahí empezó la cátedra de seducción, digna de ser grabada en un documental de Discovery Channel; no sé de dónde salió, pero todo fluía a la perfección. El toqueteo ideal, sin ser baboso pero demostrando interés. Me jalaste a la pista de baile, era tu fuerte, un meneo y queriendo probarme; tentándome y engatusándome en tus garras.
Luego, pasamos a la parte más tranquila del local, a charlar de verdad. Mientras me hablabas le hacías ojitos a todos, los mantenías ahí en suspenso; supongo que por si yo no daba la talla. Me comencé a dar cuenta de muchas cosas. Eres indomable e incontrolable, una mujer que aclama ser libre y salvaje. Sin miedo y aguerrida. Eres imparable, todo lo que te proponías tener, lo tenías; no dejaba de pensar que ese era el caso conmigo. Eres lo que Alejandro Sanz definió como “mala” en la canción que lleva ese título.
Luego, me di cuenta que mentías en muchas de las cosas que decías; buscabas protegerte, de algo o alguien; quizás de ti misma. Te jartabas de decir que rompes corazones a diestra y siniestra; que jugabas con la gente, que eras la maestra de la manipulación y que todo lo que querías lo agarrabas, sin dar excusas o pedir permiso; mostrando seguridad y fortaleza. Y citando a Sanz digo, “Llevas tus cicatrices como pinturas de guerra”. Hasta que por una milésima de segundo, mientas seguías tan preocupada por mostrar ser indestructible, un detalle se te escapó y con eso bastó. Tus ojos mostraron por un segundo la ventana a la realidad, una realidad muy diferente a la que mostrabas. Tu mirada se cubrió de vulnerabilidad, soledad y tristeza. Fue allí que me di cuenta que para ti no era más que un experimento o reto. Me levanté y me fui, sin mirar atrás.
Tuesday, March 15, 2011
Desde Lejos.

Hoy ha sido uno de eso días en los que me has hecho falta. Necesito hablar contigo. Daría todo por una palabra tuya; por verte. Daría todo por ver tus preciosas manos; que te arreglas sólo para mí. El efecto que tienes en mí es sin duda único. No dejo de pensar en ti y de lo mucho que te necesito; tú me das la luz. Quiero mirar tus ojos que me conocen; que saben cada pensamiento que pasa por mí, sin necesidad de convertirlos en palabras. Daría esta y otra vida sólo por oírte respirar. Tú haces bello cualquier desastre, cualquier pelea. Desde lejos no dejo de amarte.
Tengo a los ángeles como testigos, mi amor por ti no tiene límites. Ellos ahora lloran. Lloran porque no estás donde deberías estar, porque tu lugar es aquí conmigo y no donde estás. Tus labios deberían estar junto a los míos. Tus manos están destinadas a estar entrelazadas con las mías. Dios me dio brazos, sólo para abrazarte y no dejarte ir. De pensar en ti, mi corazón late más fuerte, mis manos comienzan a sudar, y nace un nudo en mi estómago. No voy a decir que no puedo vivir sin ti, porque si puedo. El problema es que no quiero. Me rehúso a seguir extrañándote; me rehúso a seguir pensándote. Desde lejos no dejo de necesitarte.
Tu aroma me atormenta, se quedó impregnado en mis sábanas para no irse jamás. No existe en este mundo algo más dulce y a la vez más letal. Tus susurros no me dejan dormir; necesito que me hables, que me digas lo mucho que me quieres. En no puedo verme en el espejo sin ver tu reflejo y siento mil cosas a la vez. Intento seguir tu consejo, intento encontrarte; pero te he buscado en todos lados, he visto infinitas lunas pasar, pero ninguna me enamora. Niña, quizás tú no lo sepas, nunca lo supiste, pero me traes loco; loco de amor. Eres una necesidad, una droga, una parte de mí. Tantos recuerdos, tantos momentos juntos. Desde lejos no dejo de pensarte.
Yo sé que tú no tienes la culpa. No tienes la culpa de ser perfecta. Sexy, inteligente, amante de los deportes, pícara, inocente y perseverante son pocas de las cualidades que tienes. Me encanta que me tengas y que me necesites, pero por elección propia; porque no hay nadie más independiente que tú. Me encanta que seas tan arreglada y te preocupes por lucir bien; pero para mí. Quisiera que saliera de mi cabeza, pero es imposible. Tú le das sentido a todo. Estoy esperando el día para verte despertar. Desde lejos no dejo de extrañarte.
¿Cuándo será que entres en mi vida? ¿Cuándo será el día que te enamores de mí, así como yo estoy enamorado de ti? ¿Cuándo será el día en que dejarás de ser una extraña? ¿Cuándo dejarás de ser una ilusión y te convertirás en mi fantasía? Desde lejos no dejo de rezar para algún día conocerte.
Thursday, December 2, 2010
Otoño en Manhattan

Una tarde cualquiera de otoño en Battery Park, Nueva York (Para quien no lo conozca, es un pequeño puerto en la parte baja de Manhattan donde se toma el ferry a Ellis Island; donde se encuentra la Estatua de la Libertad). Estaba todo bastante desolado, sólo estábamos mi cámara y yo. Nos arropaba un manto anaranjado rojizo del sol poniente, mientras que llovían las hojas de los árboles, combinando sus colores con el atardecer. El único sonido que podía oírse era el del silencio; la paz era infinita.
Repentinamente algo me hizo voltear y ahí estabas tú; bella como siempre. Con ese cabello castaño claro suelto y precioso. Aprovechando el frio de otoño para colocarte ese cuello de tortuga blanco, sabiendo que me enloquece. No me dijiste nada, sólo me sonreíste; perfecto para mi cámara. Las fotos empezaron a multiplicarse mientras me acercaba a ti. Las fotos eran tan perfectas, que hasta se podía oler tu increíble perfume. Sin darme cuenta, tomaste la cámara y dejaste de ser protagonista en las fotos; te convertiste en la directora. En un abrir y cerrar de ojos, me encontraba posando ante ti; y poco después, sucumbido en tus labios. No importa cuánto trate de resistirme; al final siempre terminas con el control.
Paseamos por toda la ciudad de Nueva York y en pocos días visitamos museos y galerías, comimos divino, generamos momentos realmente mágicos. Podía jurar que eras la indicada; eras simplemente perfecta, y todo era perfecto. Tus dulce besos que combinaban con tu perfume; tus manos; tu pelo y tus ojos, Dios tus ojos azules tan increíbles, enmarcaban una bella sonrisa que me llenaba de paz. No podía negarlo, estaba embobado por ti; me tenías hechizado. Me movías el piso constantemente y me retabas a hacer cosas que nunca pensé hacer. Pero te aprovechaste de eso. Caminando por el Manhattan Bridge te frenaste y una mirada pícara y traviesa se apoderó de tu cara.
Sin que me diera tiempo de reaccionar, ya estabas montana en el borde. Miré hacia arriba y te rogué que bajaras, tu sonreída me volteaste a ver; el sol anaranjado se trataba de esconder entre tu silueta. Me aseguraste que todo iba a estar bien, y diste un paso. Me monté en el borde a detenerte miraba hacia abajo buscándote. Después de unos agónicos segundos de silencio, te escuché. Subí súbitamente la mirada y ahí estabas, flotando como si nada. Te reías de mí, y me invitabas a acompañarte. Yo incrédulo de todo, me reusé. Seguías insistiendo que fuera contigo, y que flotáramos juntos y comenzaste a manipulándome. Fue en el momento en el que tomaste mi mano cuando caí en cuenta de que era otra de tus jugarretas; parte de ese plan macabro para destruirme; para que caiga en tus manos. Me bajé del puente, y continué caminando sin mirar atrás hasta que el horizonte se tragó mi silueta.
Thursday, November 18, 2010
El suertudo no eras tú
Desde que nos conocimos todos en mi familia creyeron que te odiaba; estaban muy equivocados, simplemente no había un cariño exagerado. Se molestaban porque siempre dije que tenías atributos de roedor; cosa que aun mantengo como cierta. Luego vinieron ciertos problemas familiares, y terminaste viviendo en mi casa. Al comienzo no estaba de acuerdo, no porque no te quisiera, sino porque necesitabas cuidados y la gente asumió que yo lo iba a hacer, sin siquiera consultarme. No hay cosa que me moleste más que tomen decisiones con MI tiempo sin consultarme. Fui catalogado de ogro e insensible por no quererte.
La verdad es que viniste tratando de cubrir un hueco que un viejo amigo mío dejé hace años. Cuando me mudé a casa de mis abuelos fue la última vez que vi a aquel amigo. Tú, años después, llegas a tratar de cubrir ese hueco; desde el comienzo tenías una desventaja. Sin importar mis quejas y reclamos, te mudaste para acá. Un comienzo bastante difícil para ser sinceros. Tú estabas muy deprimido, no comías, casi ni te movías. Extrañabas a mis primas, y es lógico. Poco a poco fuimos generando una amistad sin igual. Aunque seguía diciéndote que tenías atributos de roedor; y peor roedor homosexual. Todos me decían que no te quería, sin embargo te la pasabas todo el día conmigo. Día y noche sentado en el puf mientras yo miraba tv en mi cama; varias veces dejaste el miedo y te montabas en la cama conmigo.
Un año pasó, nuestra amistad creció de forma exponencial. A mí era a la única persona a quien le hacías caso; aunque a veces te decía que le hicieras caso a mi abuela para que no se molestara. Al llegar de la universidad me esperabas en la puerta; mientras entraba corrías a la silla de enfrente para hacerte del intelectual y esperar mi saludo. Muchas fueron las tardes en depresión que me acompañaste. E incluso te perdoné infinitas veces que me levantaras en las mañanas saltándome en la cama. Te encantaba lamerme las piernas, lo cual jamás dejo de asquearme y sorprenderme; simplemente muy bizarro para mí. Te encantaba que leyera en voz alta todo lo que escribía; mientras estaba en la PC, te ponías en el puf y no dudabas en quejarte si me ensimismaba mucho con el aparato. Simplemente te convertiste en parte importante de mi día cotidiano.
Ya te habías escapado en otras ocasiones, sólo por querer jugar en la calle. Por suerte, como siempre hay gente en la casa, pues estaban pendientes de ti y se encargaban de hacer que entraras rápidamente a la casa. Hoy, no pasó eso. Todos creyeron que estabas conmigo (como casi todas las tardes) yo asumí que estabas con mi abuela. La verdad es que no estabas. No sé cómo saliste, pero corriendo fui a buscarte. No te encontré por ningún lado. Iba casa por casa, preguntado si te habían visto, y nadie sabía darme una respuesta concreta. Simplemente te desapareciste. Obviamente no eres lo suficientemente autosuficiente para irte muy lejos sólo. Además siempre que te ibas, encontrabas el camino de regreso al aburrirte; pero no esta vez.
Mi única conclusión es que en una ciudad como ésta fuiste secuestrado. Alguien te vio divagando por la calle y se aprovechó de ti. Ni siquiera para pedir rescate a nosotros, porque de ser así ya hubiesen llamado. Sino probablemente para venderte al mejor postor. Dejando nuevamente un vacío. Un vacío que ya había sido curado con tu llegada. Ahora con tu partida se ha hecho más grande. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pero dudo que vaya a volverte a ver. Llegar a mi casa no será lo mismo sin ti. Esas tardes tristes serán solitarias sin tus pequeños ojos viéndome. Hoy te quiero decir que te quiero muchísimo amigo; a pesar de lo que muchos creen. Ya nada será igual sin ti. Te extraño y temo por tu salud, quisiera saber que vas a estar bien. No me queda más nada que rezar por ti pequeña pulga. El suertudo no eras tú, aunque tu nombre lo decía, éramos nosotros por tenerte.





Wednesday, November 17, 2010
Reto Día 30: Hola extraña

Todo aparentaba ser un día cotidiano. La universidad igual que todos los días; mismas caras, nada parecía fuera de lo normal. Eran las 2 de la tarde y como cualquier lunes o miércoles me dispuse a almorzar en la feria. Junto a las mismas caras de siempre, mis panas, nos sentamos en una mesa. Mientras discutíamos de deportes algo ocurrió, no sé qué me hizo subir la mirada pero ocurrió. Mis ojos fueron inmediatamente encandilados por lo cristalina de tu mirada. Mi mirada se fue directamente a tus ojos azules grisáceos hermosos. Jamás había visto unos ojos así, y menos en la universidad. Terminé de analizar tu rostro; sin darme saber que ya te habías dado cuenta de mi acoso visual; era imposible quitarte la mirada de encima, fue como quedar atrapado.
El tiempo transcurrido fue casi eterno. Mis ojos no podían dejar de verte. Cuando por fin logré recuperar el control de mis ojos, ya era muy tarde; tus ojos me miraban. Mi reacción fue inmediata y sin control, te guiñé el ojo; un acto completamente suicida y aún desconozco el por qué lo hice. Sorpresivamente la reacción de asco y descontento que suele seguir ese acto no surgió; sino que una pequeña risa simpática, tímida y pícara se dibujó en tu rostro. Supongo que en la mía se retrató un gran signo de interrogación, porque no entendía nada. Después de ahí te detallé; wow!... que bella eres. Cabello castaño, liso pero no completamente; rostro con facciones muy delicadas, casi perfectas; un cuerpo con proporciones tan exactas que ningún modelo matemático podría describir; todos atributos que me hacían pensar que eras un sueño.
Me levanté a buscar mi almuerzo. Al llegar al mostrador me di cuenta que no estaba sólo. Un aroma dulzón llegó a mí y me descontroló. Volteé disimuladamente y estabas tú a mi lado, esperando tu comida también. Algo atolondrado por tu esencia e intentando disimular mi obvio atontamiento, logré ver tus manos; simplemente perfectas. Tus manos estaban cuidadas, y las uñas del color que me encanta… vino tinto. Ahí me convencí de que eras obra de mi imaginación; imposible que no fueras un sueño. Inmediatamente pensé en ti, Soledad. Sin embargo, me extrañó que te manifestaras en pleno día; de ser así, ibas a arruinarme la vida. Lo único que me mantiene cuerdo, es que sólo te apareces de noche.
Me regreso a mi mesa con mis amigos; algo alterado y asustado por estar alucinando en plenas horas del día. No obstante, creo que lo estaba ocultando bastante bien. Las conversaciones eran típicas de cualquier día entre cualquier grupo de hombres; deportes, mujeres, y estudios eran los tópicos principales. Pero cada 10 minutos volteaba a verte. Asegurarme de que te fueras; tratar de controlar mi mente. Sin éxito. Entonces, te levantaste de tu mesa y caminaste hacia mí. Mientras te acercabas me puse bastante nervioso, no sabía cómo iba a reaccionar y no estaba sólo en mi cuarto sino en una feria llena de estudiantes. Entonces constantemente repetí en mi cabeza “ella no existe”. Llegaste a donde estaba yo, pusiste tu mano en mi hombro y la pasaste por toda mi espalda mientras te ibas. Todo había terminado, mi sueño desapareció. Fue entonces que vino una pregunta muy inesperada: “man, ¿de dónde conoces tú a esa jeva?”. Me congelé. Pensar que un simple “hola” hubiese podido cambiar todo.
Monday, June 14, 2010
No te conozco, pero te extraño
No sé de dónde eres, cómo te llamas, cómo eres, cómo hueles, ni cómo hablas. Pero todas las noches pienso en ti; en tu ausencia; en que casi puedo sentirte; en tus caricias; en lo feliz que me haría tenerte conmigo. No dejo de recordar momentos que no he vivido; y en todos estás tú, alegre y bella. Pero lo principal y más impresionante, es que en esos recuerdos, yo estoy feliz, verdaderamente feliz. A veces me pregunto, ¿cómo es esto posible?
Yo me di cuenta que soy una persona que no sé cómo estar solo. Admiro a varios amigos míos que pueden pasar 4 o 5 años sin una relación seria, sin estabilidad; yo simplemente no puedo. Me ha costado demasiado estar sólo este año y medio; y me consta que aun no lo controlo, mucho menos lo desfruto; sólo que trato de adaptarme. Es increíble, pero las cosas pequeñas son las que más extraño. Esas simples caricias, esas miradas son como mi droga. Yo pensé que, como las drogas, el proceso de desintoxicación iba a ser lento, pero que al final todo iba a mejorar. Pues eso era mentira. Ya van aproximadamente 18 meses y aún no logro superarlo. Dejar de necesitarlo. Prácticamente a diario tengo recaídas, en las que necesito mi droga.
No hay cocaína, heroína, marihuana, café etc., más fuerte que el cariño; el contacto físico que va más allá de lo físico. Aunque creo que eso es sólo conmigo. Menos mal que prácticamente nadie lo sabe, pero yo puedo ser manipulado muy fácilmente por una mujer. Con simples cariños en el lugar correcto y de la forma correcta, y podría hacer casi cualquier cosa. Lo sé, soy un regalado. Creo que he tenido suerte, porque casi todas mis amistades de la universidad son súper ariscas, y no son de esas niñas que les guste hacer cariños. Si no fuera así, probablemente ya alguna lo hubiera descubierto.
El punto es que extraño demasiado esas cosas. Quizás hasta el punto en el que soy obsesivo. Te imagino, como si te tuviera y tendré. ¿Qué tan perturbarte suena eso? A mí me parece muy raro. Pero es algo que no puedo controlar. A veces es la única forma de dormir, aunque sea poco. Pensando en ti, en que llegas para estar conmigo; y tu presencia, bueno en realidad ausencia, me da un poco de paz.
Tuesday, June 8, 2010
Te Veo Venir...
Estaba yo muy tranquilo en mi cama; durmiendo. Estaba algo triste. De repente llegaste, sin previo aviso. Te extrañaba. Siempre vienes en esos momentos de soledad. Te acostaste a mi lado.; y me abrazaste. Tu cabello daba contra mi rostro. Como siempre, olías divino; de esos aromas que son casi indescriptibles. Un olor muy femenino, dulce pero a la vez fuerte; una combinación perfecta probablemente entre perfumes y cremas corporales. Tu mano apoyada en mi pecho. Me encanta tu mano (yo sé soy un raro por siempre estar pendiente de las manos), siempre arreglada y con las uñas largas; simplemente irresistibles. La subes y comienzas a hacerme cariños en mi cuello; sabes que ese es mi punto débil. Siento como subes un poco tu cuerpo; tu rostro esta frente al mío. Siento tus suaves labios. Mi respiración aumenta su ritmo; mi corazón late fuerte. Abro los ojos… y no estás.
Deja de jugar conmigo. ¿Cómo sabes mis debilidades? ¿Cómo sabes mis puntos débiles? ¿Por qué no tengo control sobre mí cuando estás conmigo? ¿Por qué tu aroma es tan irresistible?¿Cómo sabes que esos pequeños detalles, las caricias y el sentirte cerca lo que más extraño? ¿Por qué apareces siempre cuando estoy más vulnerable? ¿Acaso eres la mismísima soledad?
Deja de jugar con mi cabeza; deja de jugar con mis sentimientos. Las personas hablan de lo horrible que es la soledad. Pues están equivocados. Yo te he visto, te he sentido y eres preciosa. Ese es el problema, por eso los índices de suicidio son tan altos con las personas que están solas. Se suicidan porque es la única forma de estar contigo; la única forma de tenerte. Eres como las sirenas en la mitología; hermosa, con un cántico precioso y seductor. Estás esperando a tu presa, la seduces y luego te llevas su alma. Eres una despiadada, un monstruo. Déjame en paz.
